Al caer la noche, la vida se estremece en un agónico suplicio, se derriten las velas y el tiempo parece eterno.
El reloj de arena no fluye, mis pensamientos se atascan en tu sonrisa, mi voz no se atornilla en la garganta y me impide susurrar palabras de amor al viento que se desvaneceran en la tormenta intentando llegar a tus oídos.